septiembre 28, 2017

GRATITUD

naturaleza

"La mente es maravillosa" -  es algo que mi papá me decía frecuentemente - , "Tanto, que tiene la capacidad de recuperarse ante cualquier tragedia y dolor de la muerte".

Teníamos seguido pláticas como ésta.

Pero la verdad es, que la mente no siempre actúa así al instante, el dolor y las pérdidas requieren tiempo.

Ese tiempo que muchas veces es difícil recorrer.

La capacidad de anteponerse ante la tragedia y las pérdidas es un recorrido difícil pero siempre hace un regalo:

Te invita a crecer y a re plantear tu actuar desde otro lugar, a entender el significado de gratitud y lo que la vida te ha puesto en el camino: incluyendo hasta el dolor.

La gratitud es más allá que decir "gracias" es una forma de recorrer y sentir la vida; te conecta con tu existencia.

Es común dar gracias por lo que aparentemente vemos y tenemos, pero trabajarla desde dentro con todo y lo complejo del dolor que presenta la vida y los huecos que te ha dejado en el camino es un reto.

Además, no es fácil vivir con esa permanente e intensa gratitud todos los días, la verdad siempre estamos pendientes de lo que no tenemos, lo que nos falta para ser "felices" o lo que no hemos alcanzado, - es humano - . 

Seguro me equivoco y habrá sus excepciones llenas de toda la pureza posible y armonía perfecta. Pero para muchos, hasta que la vida nos sacude fuertemente volvemos a la parte más esencial, esa que nos cuestiona nuestra existencia; incluso, hasta nos hace sentir miedo y nos mueve para hacer hasta lo imposible para proteger o remediar lo que verdaderamente vale la pena e intentar un camino distinto.

Tratando siempre de convertirte en una nueva persona.

Con la tragedia tan triste del temblor sucedido en las ciudades de nuestro país, me recordó el duro proceso que son las pérdidas, ese dolor que se encaja sin orden, el que parece que te arranca una parte de tu existencia y te cambia para siempre.

El que confunde a tu cerebro durante largo tiempo que todavía no entiende que nunca volverás a ver tu ser querido; el que mezcla las emociones de rabia, dudas y culpas, el que duele tanto las primeras noches y regresa con intensidad unos meses después... el que no te deja claro: ¿Cómo le hago para seguir?

Muchos subliman el dolor y lo resignifican en su vida a través de las pérdidas - para bien o para mal-. 

Como si fuera un nuevo llamado; llámenlo espiritualidad, fuerza interna, renovación o lo que sea que a cada uno le haga sentido en sus creencias y valores personales. 

Pero durante el pleno momento del dolor, es sumamente complejo entender la gratitud del crecimiento que dejará. 

Es algo que se vive de forma muy individual. Lo cierto es, que si lo permites, llega. 

Muchas veces toma hasta años, hay dolores muy complejos. Muchas veces se evade con otras cosas y resulta difícil tener apertura para buscar un crecimiento.

Y no es que te deje olvidar el tiempo o te deje de doler, simplemente se va acomodando en otro lugar.

Escribo esto porque paré mis artículos del blog, como muchos, parecía no tener sentido otros temas al ver tantas noticias y sufrimiento.

Estaba bloqueada, sobre informada o desinformada. 

Me pegué a las noticias impresionada de las muestras de compasión y ayuda. De las historias e imágenes que enaltecen hasta el más duro corazón y saturada de la otra cara oportunista para rectificar sentirse mejor en la necesidad de reconocimiento público dejando ver otras carencias.

Era todo a la vez. 

No sabía como sentirme porque no caía en cuenta de lo que me recordaban. 

Me acordé del tiempo, 

me acordé del dolor.

Me acordé qué es que a un ser querido lo rescaten personas desconocidas.

Me acordé qué es el instinto humano de supervivencia ante el peligro, me acordé de la adrenalina que puede transformar el cuerpo y dejar de sentir el dolor para ayudar sin tener en cuenta tu propia vida; me acordé de paramédicos y personas desconocidas que hace unos años ayudaron a mi papá.

Me acordé que alguien le pasó un teléfono sin saber que sería su última llamada, me acordé que me perdía armando las piezas de todos los noticieros y testimonios durante semanas que narraban el accidente y el avión en llamas, me acordé de buscar incansablemente estudios médicos e imágenes para ver si las víctimas de quemaduras totales sienten dolor o entran en un estado de shock; me acordé del accidente del avión en el que se estrelló...me acordé que nunca pude conocer a las personas que lo auxiliaron.

Me acordé que él mismo seguía sacando gente antes que llegara la ayuda profesional sin entender que él y los demás ya estaban totalmente alcanzados por el fuego.

Me acordé que aferrarse a la propia vida y a salvar a otra pone a prueba toda condición de existencia.

Me acordé que no alcancé a despedirme.

Me acordé de las personas, de la camilla, insumos, madrugadas de doctores intentando salvarlo y hasta del helicóptero que lo transportó.

Y a pesar que murió, me acordé de la resistencia. De la suya y la que regalan las duras pérdidas.

Me acordé de la enorme capacidad humana de sobre ponerse ante el dolor y la tragedia.

Estos días de todo lo que vi o leí, me acordé de los cientos de personas que perdieron una vida en un instante, de los que se sintieron solos, de los que pensaron en sus familiares en sus últimos momentos, de los que hoy les duele el alma. 

Me acordé de los que quedan sin saber un buen rato por dónde y cómo continuar, de los que tampoco se alcanzaron a despedir.

Me acordé del duelo.

Me acordé que la verdadera gratitud tarda en ser parte de la vida a pesar de las tragedias.

Me acordé de la sensación interna de cómo eres uno antes y después de las pérdidas.

Me acordé que no estás exento de que la tragedia vuelva.

Me acordé de cómo volvió todo a la normalidad cuando la mente se acostumbra.

Me acordé que tarda un poco, me acordé que si tratas de plantarte bien en la tierra agarrándote de todas tus fuerzas, sales, con algunas marcas pero sales.

Qué difícil camino, pero no imposible.

Qué difícil es reflejarse verdaderamente en la pérdida del otro separando tus propios miedos y carencias, qué difícil es construirse de nuevo después de las pérdidas de la vida. 

Qué difícil es vivir con plena conciencia, atentos, y no sólo esperar una tragedia. 

Qué grande es poder aceptar que lo que generas empezando por ti y tu entorno inmediato es una buena parte por dónde arrancar. 

Y más que hablar de una historia triste y muy personal para reflexionar, - que ya no me duele igual - mi verdadera experiencia no está ahí en ese momento en ese accidente. Ahí yo no estuve y no pude hacer nada. 

Tampoco está para etiquetarlo de héroe como es natural que muchos me decían para suavizarme el dolor. Nunca lo sentí así - sé que le importaban otras cosas y el luchar de esa forma además de instinto de supervivencia, era también su carácter: no dejarse caer y resistir el "madrazo" como él decía, era piloto, atravesó tormentas literales y también las vivió en vida cargándolas como podía - 

La verdadera experiencia está donde sí estuvimos, donde construimos juntos en vida. 

Donde las cosas que importan hay que buscarlas, donde no tienes que esperar un momento especial, donde hay que moverse para crecer. Donde la resistencia y la urgencia de mejorar tu forma de ver la vida no se muestra y termina en un sólo un día, se trabaja toda la vida.

Mi verdadera experiencia de gratitud está en ese día donde hablamos largamente que la mente es maravillosa.

Tal vez sabes a lo que me refiero con las pérdidas si las has tenido. 

Son partes que se guardan en la nostalgia de la memoria con muchas más sin resolver pero que sienten gratitud por el tiempo y lo vivido, que no dejan de seguir formando y enfrentándote continuamente al sentido de la existencia. 

Me acordé que te invitan a construir y seguir viviendo.

Sí, es verdad y para mí él tenía razón: La mente es maravillosa, me acordé que todo pasa y la mente lo supera.

Pero estos días me acordé que el corazón es maravilloso también y el amor de reconocerse a través del sufrimiento del otro es el camino hacia la verdadera gratitud.

Estos días me acordé que el ser humano es grande.