noviembre 03, 2016

LO QUE DESCUBRO EN EL MATRIMONIO

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Este es un artículo más personal, con mucha o poca experiencia, pero eso sí, muy movido por el amor.
 
Cumplimos 4 años de casados, pero son casi más de 10 coloridos años de estar compartiendo la vida.
 
Soy una mujer amada y afortunada, me casé a los 33 años, - sí, estiré la liga hasta donde se pudo y fui de las últimas amigas en casarme - Creo que a medida que me fui haciendo independiente no tenía prisa y mi esposo tampoco para el matrimonio; estábamos creciendo los dos en la vida profesional y personal, después de 6 años de novios, nos casamos.
 
Nuestra historia es sencilla, nos conocimos en el trabajo, fuimos muy buenos amigos que no paraban de reír, compartir intereses y un par de años después las leyes de atracción hicieron lo suyo.
 
Intentamos un tiempo saliendo y fue un intenso amor de verano, luego él terminó lo que en ese tiempo era “prácticamente una relación” para los dos, porque estaba pasando por una revolución de cambios en su vida.
 
Yo lloré, mucho. Me había enamorado... y fue la gota que derramó el vaso.
 
Para sumarle desamor y confusión a este costal, estaba pasando por cambios personales donde quería algo distinto en mi vida. Ya no quería un empleo fijo, me iría a vivir un rato a otro país, me urgía un cambio. Perdí mi rumbo después de haber crecido profesionalmente y no sabía por dónde seguir.
 
Fue una temporada donde no se acomodaron las cosas y todo me salió al revés. Fue de las peores depresiones que he pasado en mi vida, mi cerebro tomó control de mí. – Fue espantoso - No tuve más remedio que lidiar conmigo y esa negra depresión que actuaba química y macabramente en la forma que dirigía mis pensamientos.
 
- Las depresiones son como pequeños ladrones del tiempo -
 
Hoy agradezco haber pasado por esa etapa por que toque fondo con lo que realmente quería de mi vida. Quería independizarme mentalmente de muchas cosas que cargaba y era el momento de hacerlo. Hice mucha terapia y trabajo interno para luchar con ese estado de depresión y encontrar sentido a lo que quería.
 
Estaba aterrorizada y siempre recordando la frase que alguna vez alguien muy sabiamente me dijo: – no dejes de tener miedo, enfréntalo, que el miedo sea tu motor -.
 
Meses después era una mujer nueva, me sentía totalmente potencializada y feliz, y no, no es magia ni con sólo desearlo pasa. Hay que esforzarse mucho y tocar fondo para abrir las alas y volver agarrar vuelo .
 
Una tarde cualquiera en un cruce de calles, el destino nos encontró carro a carro. Los dos hicimos alto esperando que carro pasaría primero… Nunca hubiera imaginado una casualidad como esa. Nos estacionamos, el se bajó e intercambiamos frases comunes para ver cómo estábamos.
 
Las leyes de atracción hicieron lo suyo y pocas semanas después empezamos a salir de nuevo y no nos volvimos a separar nunca.
 
Lo curioso de este relato, es, que cada uno estuvo trabajando internamente con mucho esfuerzo en qué quería de su vida y nos volvimos a encontrar en el momento indicado.
 
¿Y la mejor noticia? hoy seguimos trabajando de forma individual y como pareja, cada día y en cada etapa de estos cuatro años, aún ya casados nos volvemos a encontrar frecuentemente donde siempre hay algo nuevo para entender, amar, reír, o incluso frustrarse hasta las lágrimas.
 
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Hay una palabra muy valiosa que he descubierto en este tiempo:
 
Reconocimiento
 
Es normal tener ciclos de comodidad en el matrimonio porque nos habituamos, caemos en la rutina estática – y no me refiero a la rutina de actividades diarias- me refiero a dar por hecho tantas cosas que cada quién hace por el matrimonio que pasan desapercibidas; no a propósito, si no por que dejamos de VER al otro y reconocerlo constantemente en lo que le pasa fuera del título y expectativas de esposo o esposa.
 
Nosotros algunas veces nos dejamos de ver porque estamos distraídos en las energías que se nos van queriendo lograr la vida. En las presiones y exigencias de trabajo, el constante “construir” para una vida mejor, sumado a los miedos de fracasar, crisis de la edad, y la interminable búsqueda de la felicidad. 
 
Nos cargamos de modelos que creíamos que deberíamos de ser o alcanzar y es cuando comienzan a llegar las frustraciones como pasarela semanal.
 
Cuando me reconocí a mí, lo reconocí a él, lo que es, lo que es capaz, lo que lucha, lo que le duele, lo que le importa y realmente nos reconocemos entre las ilusiones, miedos y deseos, encontramos que reconocernos nos da poder.
 
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Asumir que tener roles de pareja te hace siempre feliz y es como una maquinaria funcionando que no se cansa mientras el otro “hace lo que le toca” y yo lo mío, es cuando estamos más pendientes de señalar cuando algo falta o responsabilizamos al otro que nos tiene que hacer felices en todos los aspectos materiales y emocionales.
 
Qué difícil es construir la felicidad independientemente del otro, porque al ver que – más bien, al no querer ver nuestras carencias - buscaremos algo o alguien para que las llene o para que las cargue; siendo que nosotros somos responsables de lo que estamos generando y atrayendo hoy a nuestra vida.
 
¡Hay que reconocer a tu pareja! y es más allá de un gracias, es un profundo entendimiento en lo que verdaderamente hacen los dos con la intención que el otro esté bien y sea feliz, reconocer su angustia y sus deseos. Escucharlos con el corazón.
 
Hasta el día de hoy, nuestra historia sigue siendo una mezcla energética de variados cambios interesantes día con día que nos hace crecer, con una parte que se da natural por el profundo deseo de compartir tu vida con el otro y la otra parte, seguro puro amor. 
 
Nos hemos decepcionado, emocionado, aburrido y reído hasta el cansancio; nos hemos encontrado en el dolor y en la profunda soledad de las pérdidas sin soltarnos el uno al otro.
 
Pero nunca me había dado cuenta del concepto de libertad en el matrimonio hasta hace un par de años:
 
Recuerdo que me deprimí un poco cuando pasó la emoción de los recién casados y no por mi pareja, me deprimí por mi. Me daba un exceso de miedo futuro por lo que veía en otros y no quería perderme en el cambio del matrimonio dejando de lado la mujer que era antes. 
 
Fue un miedo exagerado por que no estaba pasando; yo me vi saturada de otras cosas que tenía que atender - y a la vez sí me gustaban- pero no quería sentirme perdida entre la casa y esposa; había un abanico enorme de intereses personales que me hacen muy feliz además de tener una pareja.
 
Recuerdo cuando le conté estos miedos a mi esposo como al año de casados y me alivié profundamente que me conociera tanto y no tomara de otra forma mis palabras:
 
“Te amo, pero tal vez me deprimió el matrimonio”
 
No era el matrimonio, la vida me llamaba a gritos que me volteara a ver a mi de nuevo y me reconociera quién era. Me sorprendió tremendamente que él estuviera totalmente interesado en el empoderamiento femenino, en mi vida, que sabía que mi libertad y mi deseo eran importantes para mí, a pesar de él, y, para ser la mujer que quiero ser, a parte de lo que se “supone” que yo pensaba que tenía que ser, trabajar en mí y estar bien conmigo misma lo harían feliz.
 
Fue más largo lo que me dijo ese día, pero cuando cada palabra seguía a la otra, en ese momento me sentí increíblemente amada.
 
Mi esposo pone todo el amor y apertura para entender mis intensidades y deseos aún si yo no se los digo, los sabe. Y no, no es si trabajas o no, es más allá de ser una mujer con multi intereses, es el reconocimiento e importancia que tratamos de darnos el uno al otro en nuestros deseos personales y nuestra vida en común.
 
Algún día me dijeron que una familia estrictamente es con hijos, que si me casaba, el fin del matrimonio era tener familia. No estamos todavía en este terreno y no sabemos si pasaremos por ahí, - nunca digas nunca - pero hoy tenemos nuestra propia fórmula contando pocos años para entrar a los 40:
 
Mi pareja es mi familia.
 
Y donde el esté, tengamos lo que tengamos, siempre que estemos juntos, somos familia y un hogar de dos individuos que caminan diariamente su historia aprendiendo a disfrutar lo que somos.
 
Donde nos movemos por el amor, donde la comprensión requiere mucho esfuerzo de los dos, donde algunas veces él cede más que yo y en cada desacuerdo buscamos que el otro nos ayude a ser mejor; donde el apoyo absoluto e incondicional hacia mi libertad, la de él y las personas que queremos ser es un tema que no abandonamos, y si pensé que dejas de crecer cuando ya has crecido, estaba muy equivocada.
 
Vivir y comprometerte en pareja con el papel de matrimonio o no, es diariamente un ir y venir reflejándote en el otro, tolerando, comprendiendo, perdonando, disfrutando y amando. Crezco y me desarrollo por mí, por que lo busco, por lo que deseo llegar hacer. Pero si no estuviera con alguien quien me permite y respeta mi ritmo y yo el de él, no sé si estuviéramos aquí.
 
Hay muchas formas de caminar en este mundo, solos, en pareja, en familia… Podrían parecer poco 4 años y estas palabras suenan a una todavía pareja nueva, podrían levantar orgullosamente la mano los que llevan más de 10 años, y seguir la cuenta de retos, turbulencias, y etapas del matrimonio que nos faltan, pero en la convivencia de dos seres que comparten la vida, no hay nada dado por hecho.
 
Cada día te prueba hasta dónde estás dispuesto a dar y darte. Cada día es una oportunidad de encontrarse con uno mismo a través del otro, cada día construimos la historia de nuestras vidas.
 
Alonso, te pregunté por qué éramos felices y por qué sentimos tanto el uno del otro sin decirlo, me dijiste que eramos como un circuito paralelo, no necesitamos estar entrelazados todo el tiempo para sentirnos cerca. Estamos siempre conectados, trabajamos a la par, nos alimentamos simultáneamente con cada esfuerzo motivado por el amor y las ganas que ponemos por descubrir cada día el tipo de personas que podemos ser.
 
A dónde el tiempo y esta historia nos lleve. Te amo.